El tema de los límites es tan infinito como necesario. Mirar una dinámica familiar sana parte, en gran medida, de unos límites claros que permiten relaciones armónicas y adecuadas. Crecer en conciencia implica, entre varios temas, asumir las responsabilidades y las consecuencias de nuestras decisiones. Así, los niños que viven en un entorno psicológico seguro de claridad en los límites tienden a convertirse en futuros adultos capaces de considerar al otro con la misma importancia que se dan a sí mismos.

¿Cuál es el propósito de los límites?

Los límites no son reglas prohibitivas ni normas rígidas; son líneas invisibles que nos dan estructura. Los límites claros se usan con el propósito de proteger, generan mucha tranquilidad y, además, son un legado de salud emocional para nuestros hijos. Cuando se establecen desde la primera infancia nos ayudan a organizar lo que sentimos, a auto regularnos y auto protegernos.

Tendemos a confundir límites con prohibiciones y regaños, pero detrás de unos límites claros hay una autoridad amorosa que explica y toma medidas para proteger a sus hijos. Por eso, que nos digan que NO de pequeños, cuando es oportuno, ayuda a que de grandes sintamos la fuerza para decirlo y la madurez para entender cuando nos lo digan.

Nos mudamos a este mundo y dedicamos un buen tiempo a conocer su funcionamiento y sus códigos de convivencia. Si en este tiempo de exploración, un/a niño/a no tiene información clara y simple sobre lo que es adecuado en su entorno y lo que no, crecerá con una confusión que podría manifestar irrumpiendo, siendo impaciente, irritable e, incluso, ansioso/a. Pero si en su entorno hay un mensaje unificado, amoroso y conciso, su camino por el mundo tenderá a ser más sereno y estará más disponible para disfrutar su desarrollo.

En general, en esta materia estamos bastante flojitos, porque culturalmente vemos los límites como rechazo, desamor o antipatía. Cuando comencemos a ver los límites como protecciones para cuidarnos a nosotros mismos, cuidar las relaciones que nos importan y cuidar a nuestros hijos, llevarlos a cabo se hará mucho más fácil y, entonces, podremos ver el efecto potente y empoderador que esta acción produce en todas nuestras relaciones.