Con frecuencia digo que la educación más barata y efectiva es el ejemplo. Para que nuestros hijos aprendan a relacionarse sanamente con ellos mismos necesitan ver que nosotros hacemos lo mismo. Y es que la autoestima se comienza a gestar a partir de lo que oímos y vemos desde la infancia. Como padres, es importante prestar atención a lo que decimos y hacemos, pues eso se convertirá en un punto de referencia de mucho peso para nuestros hijos.

Personalmente, no me resulta tan natural cuidar de mí. Es un trabajo que me he propuesto hacer conscientemente y en el que he invertido los últimos años, pero me sigue sorprendiendo porque no siempre lo logro como quiero. Sin embargo, en mi experiencia, me he dado cuenta de que les enseño a mis hijos a construir una autoestima sana cuando:

  • Nutro mi cuerpo conscientemente: con alimentos sanos para mí que repongan mis energías y que impulsen mi salud.
  • Me doy el descanso necesario y hago pausas varias veces al día: porque me conozco y sé que soy de pila corta y que necesito recargar mi batería cada cierto tiempo para estar en bienestar para los demás.
  • Tomo decisiones por libertad y no por culpa: me siento libre de decidir lo que siento que está en sintonía conmigo y le digo no sin culpas a lo que no me suma.
  • Tengo relaciones sanas: empezando conmigo misma y con límites claros en las relaciones con otros.
  • Me ejercito: esto es parte de mi cuidado diario, lo hago por salud física, mental y emocional.
  • Me expreso positivamente de mis ciclos femeninos: que me han enseñado mucho de mí misma y que me muestran que estoy sana.
  • Celebro y respeto las decisiones de otros: que son tan válidas como las mías.
  • Agradezco a mi cuerpo por sostenerme: que me permite hacer todos los días lo que tanto me apasiona.
  • Disfruto la experiencia vital: cada momento del día es un regalo de la vida, una oportunidad para aprender y crecer.

Desde este reconocimiento y poniendo en práctica estas acciones en mi día a día, procuro con mi ejemplo que mis hijos aprendan a cuidarse y a protegerse a sí mismos. Es una forma muy coherente de amar, porque estoy cuidando con tiempo, dedicación y entrega la relación más importante que tengo: la mía conmigo misma.