El arquetipo de la madre

El arquetipo de la madre

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Por Holanda Castro

Nuestra sabiduría ovárica representa nuestra creatividad más profunda, esa que espera nacer de nuestro interior, esa que solo puede nacer a través de nosotras, nuestra capacidad creativa única, sobre todo en cuanto se relaciona con lo que creamos en el mundo exterior.

Christiane Northrup

En nuestra formación Mujer Mandala hemos estado visitando los arquetipos de lo femenino, observando lo importante que es mantener su conciencia y equilibrio para lograr nuestros sueños y vivir en bienestar.

Estos arquetipos, formulados hace más de 70 años por Erich Neumann y Toni Wolff y revisados por muchos autores más, son (aproximadamente) la Madre, la Amante, la Guerrera y la Sabia.

Cada uno de estos arquetipos vive en nosotras, y el desequilibrio viene cuando uno de ellos es desbordado o no reconocido, ni más ni menos. El desequilibrio se evidencia como agobio, confusión, falta de tiempo o, más gravemente, como enfermedades y depresiones.

El arquetipo de la madre aparece cada vez que “gestamos” y “cuidamos” un proyecto, una relación, no solo hijos. Los alimentamos con la leche que viene del más profundo ser. Nuestras acciones son hijas de nuestra creatividad total.

La fuerza de este arquetipo reside en la relación con otros, y sucede que, llegando a extremos, la mujer se despersonaliza o ejerce una autoridad implacable, es decir, o solo vive para sus hijos, o acapara la individualidad de cada miembro del conjunto familiar para controlarlo.

El narcisismo materno, profusamente ilustrado en las redes sociales, también es parte de este aspecto, digamos, negativo o desequilibrado. El drama es también una manera rebuscada –pero inconsciente- de obtener atención por apelación a la mártir, uno de los roles “asignados” a la madre desde épocas antiguas.

La madre sana es una construcción de cada día, una observación constante para no caer en los estereotipos que la sociedad valora. El poder de la madre es inmenso: sana, da cobijo, impulsa al infinito las acciones y logros de sus hijos. Es un motor incansable, pero saludable.

Mantente atenta a tus palabras y síntomas, no somos automóviles que sanamos solo con cambiar una tuerca externa, el flujo del alma es el que determina tu funcionamiento vital. Cualquier duda, acá estamos.

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