Historias de maternidad: mamá primeriza

Historias de maternidad: mamá primeriza

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Aunque mi princesa ya va a cumplir su primer año, todavía tengo esos momentos en los que me pongo a pensar en lo rápido que corre el tiempo porque convertirme en mamá para mí fue y sigue siendo algo extraordinario.

Durante mis 9 meses de embarazo tuve altas y bajas: pasé los primeros tres meses vomitando las 24 horas del día sin importar lo que comiera, y solo dejaba de hacerlo cuando no aguantaba más y tenía que ir al docto para que me inyectara. Los otros 6 meses si fueron maravillosos porque empecé a disfrutar de sus movimientos, a esperar cada mes y al final cada semana para ir a oír latir su corazoncito, arreglamos su cuarto le compramos sus cosas… En fin ya estaba preparada para su llegada.

Fueron 12 horas de contracciones. Di a luz a Mia Victoria a las 12. 45 p.m. en agua, en una sala de parto súper espectacular. Gracias a dios mi bebé nació sana, auque a mí se me explotó una várice en la vagina que obligó a los médicos a operarme. Presenté un derrame que hizo que me bajara la hemoglobina a 4, la pelvis se me dilató más de 10 cm y tuve que guardar reposo por 45 días totalmente fajada para que la pelvis volviera a su sitio.

Ese mes fue duro muy duro. Lo único que podía hacer era alimentar a mi princesa, pero si lloraba no podía atenderla, calmarla o mecerla. Llorando porque la imaginaba aprendiendo a caminar y a mí aprendiendo a caminar con ella, cosa que me costó mucho; el dolor era muy fuerte, no podía dormir de lado, tenía que sentarme en hamaca y la presión en la pelvis era dolorosa. Gracias a Dios mi recuperación fue rápida aunque la lesión me ha dejado secuelas y al dormir de lado aún siento molestias, pero pa’ lante es pa’lla.

Cuando Mia tenía aproximadamente 4 meses, le dio una bronquiolitis bastante complicada tanto por la preocupación que genera tener un hijo enfermo y segundo por la crisis de medicamentos que atraviesa el país. Gracias a Dios se recuperó con nebulizaciones y el tratamiento que le indicaron. Entre comenzar a gatear, estar pendiente de lo que se lleva a la boca y dar sus primeros pasitos, mi princesa tiene ya once meses en los que me ha enseñado a vivir de manera maravillosa.

Por: Naveska Guerrero

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