Historias de maternidad: mi hijo es mi milagro

Historias de maternidad: mi hijo es mi milagro

Y a su debido tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Porque se lo he pedido al SEÑOR. 1

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Y a su debido tiempo, después de haber concebido, Ana dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Porque se lo he pedido al SEÑOR.

1 Samuel 1. 20

Un día de febrero del 2011 estaba en un evento para mujeres de una iglesia Cristiana y una pastora pidió que pasaran adelante las mujeres que hubiesen estado buscando tener hijos y no hubiesen podido. Como a una de las chicas que estaba conmigo le daba pena pasar, la acompañé y terminé en el grupo por el que iban a interceder. Ella puso sus manos sobre mi vientre y comenzó a recitar oraciones que entre otras cosas, decían: “Dios, vuelve el orden en este vientre”. En ese momento algo muy caliente giró con fuerza ahí adentro y lo digo así porque literalmente sentí una bola de fuego en mi estómago. Un mes después estaba embarazada.

A continuación los testimonios, incluyendo el mío. Alguien oró por mi vientre y aquí estoy con mi prueba de embarazo.

A los 4 meses de embarazo, durante mi cuarta consulta, el médico descubrió por medio de los exámenes de rutina que mi bebé estaba muerto. El diagnóstico fue “feto muerto retenido”. Sí, mi bebé de cuatro meses estaba muerto desde hacía un mes dentro de mí. Al salir de allí pensé en ir a casa y literalmente pelear con Dios, pero cuando me disponía a hacerlo, escuché por primera vez la vos audible de Dios y sentí su susurro a mi oído (no exagero). Para quienes no han escuchado la vos de Dios, créanme que es algo incomparable. Solo me dijo: ¿crees que no tengo cuidado de ti? Luego de eso sólo pude pedir perdón y dar gracias por mi vida porque solo imaginen lo que puede pasarle a alguien que lleva un mes con un feto muerto retenido en el vientre.

El día después de mi operación para extraer el feto, cuando conducíamos camino a casa, tuvimos un aparatoso accidente con mi esposo, nuestro vehículo quedó cauchos arriba, pero gracias a Dios nuevamente estaba ilesa. Cinco días después, cuando me encontraba mejor de todo lo que mi cuerpo había atravesado, volví a la iglesia, donde el pastor de la iglesia me dio la bienvenida con una gran palabra profética: Ana, así te dice el señor: tu Samuel viene. Yo sorprendida puse cara de asombro, pero él insistió: “Cuidado porque viene pronto”.

Quince días después estaba en mi vientre mi hijo, Samuel, que acaba de cumplir 3 años, un niño muy precoz e inteligente que pasa las 24 horas del día cantándole a Dios y adorando.

Por: Ana Siñva

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