Historias de maternidad: las noches más largas de mi vida

Historias de maternidad: las noches más largas de mi vida

Mi historia comenzó el 10 de febrero de 2014, cuando una molestia que empecé a sentir al orinar me hizo consultar con un ginecólogo. Durante la entrev

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Mi historia comenzó el 10 de febrero de 2014, cuando una molestia que empecé a sentir al orinar me hizo consultar con un ginecólogo. Durante la entrevista para levantar mi historia, le cuento que había sido operada de ovario poliquístico y además le comento que quiero controlarme con pastillas porque en un mes sería mi matrimonio.

La doctora realiza la ecografía, mide los ovarios y al llegar al útero, me pregunta si he dado a luz. Contesto que no pero ella comenta que el endometrio está muy grueso y no se ve nada. “Pero podrías estar embarazada”, me dice. Confieso que sentí susto y algo de contrariedad porque no había presentado los síntomas propios del embarazo. Me dio la orden para que me realizara una prueba llamada HCG, común para detectar un embarazo muy reciente.

El 14 de febrero me dieron el resultado, que no salió como un resultado normal (positivo o negativo) sino por números, ¡pero el resultado era positivo! Mi alegría no era normal y mi novio estaba súper feliz porque resultaba el mejor regalo del día de los enamorados; nos casamos el 13 de marzo y empezamos a  vivir mi embarazo felizmente.

Mi salud y la de mi bebé era buena; aunque aumenté mucho de peso, todo iba de acuerdo a lo establecido. Al octavo mes empecé a sentir muchas contracciones para las que mi doctor me recetó un medicamento para calmarlas, y reposo absoluto. Pero eso no funcionó y a las 36 semanas me dijo que fuera a cualquier maternidad porque él no podía atenderme hasta que tuviese 37 semanas como mínimo. Mi esposo me llevó a la Maternidad del Este, en Valencia (Venezuela) donde me recibió una residente que me hizo un tacto con un especulo. Tenía 1 cm. de dilatación, pero no había Cuidados Neonatales allí para atender a mi príncipe.

Por fin me hospitalizaron luego de 5 horas, tiempo durante el cual escuché a una chica decir que los espéculos no estaban esterilizados porque la persona que hacía ese trabajo no había ido, pero en medio de mi dolor no le presté mayor atención a ese comentario. Me fui a casa y a la semana siguiente, el miércoles 8 de octubre de 2014 a las 11:36 de la mañana, nació mi hijo Benito Líam José, con 50 cm. y 3k 250 g. Me lo mostraron rápidamente y se lo llevaron; yo estuve sangrando mucho posterior a la cesárea fragmentaria que me realizaron, pero a las 4 horas de haberlo tenido me lo llevaron a la habitación donde duró 10 minutos porque cuando respiraba se le escuchaba un ronquido. Al día siguiente fui a verlo y le di pecho por primera vez, y luego no me dejaron verlo más hasta el tercer día. Cuando nos volvimos a encontrar, mi corazón se arrugó: estaba con una cámara de oxígeno porque en unos estudios salía que la PCR estaba alta, lo que indicaba infección. El diagnóstico final era neumonía, conjuntivitis bilateral y sepsis neonatal, todo eso producto del especuló sucio que me  colocaron en la maternidad para hacerme el tacto.

A los días la frecuencia cardiaca de mi bebé comenzó a bajar, tenía dificultad para respirar y solo podía comer por vía. En el hospital tuvieron que improvisar una unidad de cuidados neonatales porque no había cómo  trasladarlo. Mientras tanto a mí me dieron de alta, pero fueron las peores noches de mi vida: no podía cargarlo, todos los días le hacían estudios y punciones lumbares para descartar meningitis. Al quinto día le cambiaron el antibiótico y empezó a progresar; le quitaron el oxígeno, tomaba teterito y al poco tiempo pude volver a darle pecho.

Se quedó unos días más para cumplir su tratamiento y los últimos exámenes dieron negativo: ya no había infección, aunque tuvimos que esperar ocho largos días para traerlo a casa. Ahora tiene siete meses y está totalmente sano.

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